D. Antonio Gutiérrez Molina, » ELOGIO DE OCTUBRE «.

El Faro de Melilla, » ELOGIO DE OCTUBRE » Por Antonio Gutiérrez Molina.

No se vaya a asustar el curioso lector por el título del articulito de hoy. Los días atrás dejados con los fulgurantes cambios del humor de los vientos, esos viejos amigos nuestros, no han hecho mella aún en mi mente y aún no estoy,al menos eso creo yo, loco de la cabeza. Si. Así decimos por mi dulce orilla del Guadalete, a los que están «chivani» totales.

En estos días lentos que preceden a las tardes ,levemente somnolientas , de la novena de la Patrona es cuando nos damos cuenta de que el verano ,digan lo que digan los valedores del denominado » cambio climático » , se nos ha ido de las manos.

¡ Tantas cosas se nos han ido de las manos sin que nos hayamos querido dar cuenta!. Pero para el melillense cuando empieza los días de feria , con su corrida de toros y todo, el verano ya es otra etapa pasada.

Da igual que septiembre nos regale mañanas espléndidas, libres ya de los sofocos julianos , o que las tardes sean ameradas y tranquilas , con el horizonte levemente naranja visto desde las orillas de nuestras playas. Da igual. Cuando empiece la bulla en la ciudad efímera que es el real de la feria, un tiempo nuevo empezará siempre.

Por eso yo en este domingo precursor de los días que por venir quedan, quiero hacer un elogio a octubre. No es un elogio vano sino sentido y repleto también de añoranzas. Este octubre , que no está tan lejano como parece, mi hermandad de la Flagelación,cabe en la iglesia de la Medalla Milagrosa, frontera y límite de tantas cosas, sacará en procesión extraordinaria a Nuestra Señora del Mayor Dolor, al cumplirse veinticinco años de la bendición de la imagen.
Gozo y alegría me da que el obispado de Málaga, al que pertenecemos ,haya dado el visto bueno a esta salida extraordinaria de la hermandad, colofón y rúbrica de los actos programados para conmemorar la gloriosisima efemeride.

Aunque pertenezco a la práctica totalidad de las Hermandades de penitencia y de Gloria de nuestra ciudad, nunca he ocultado mi predilección y simpatía por la hermandad de la Flagelación.

Que no se me vaya a enfadar nadie. Pero con los sentimientos nacidos del hondón del alma no puede nadie. Ni yo mismo puedo. ¡ Que le hemos de hacer!

Viene pues este octubre orlado con la papeleta de sitio que nos dice que las calles y plazas de la ciudad amada se verán perfumadas por el olor a magnolia recatada y humilde de la Virgen.
Que esa tarde del 26 de octubre la Virgen de la hermandad estará en el templo arciprestal de Melilla y ya me imagino la procesión de regreso como una letanía inacabada de gozos a quién es flor delicada y perfume caro del jueves santo de Melilla.

Por eso he querido traer a mí refugio dominical de EL FARO, este pespunte de emoción y agradecimiento a los que convertirán los finales de octubre, en paso cincelado de plata y cerería en honor de la Virgen humilde y sencilla, que es la Reina y Señora de los que tanto le pedimos cuando nos cerca la tribulación.

Ahí quedó!.

Hoy no digo que no le falte agua al elefante.


Desde el seno de Flagelación, queremos agradecer a D. Antonio Gutiérrez Molina, las cariñosas palabras regaladas esta humilde Hermandad, en su artículo publicado la pasada semana en El Faro de Melilla, no podemos más que sentirnos elogiados por tan magnífico regalo.  Será pues el detalle de las esquinas conocidas donde verla pasar, la emoción en los ojos y el palpitar, más alegre que angustioso, de quien tenga la oportunidad de recordar aquellas, no tan lejanas, promesas del Jueves Santo.

Será, porque así queremos que sea y Dios nos da la oportunidad, de hacer realidad el sueño de quien, como nosotros, vivimos plenamente en la fe de la resurrección, y lo hacemos desde la voz quebrada y el racheo, desde el cangrejeo eterno de cualquier callejuela. Desde el compás de las bambalinas, ver el cielo en tu inmaculado techo, el crepitar de un pabilo, y el olor a resina. Desde la bulla en Tu cuesta, el balcón engalanado, una marcha bien montá y una estampita en el pecho.

Será -lo dice bien D. Antonio-, un octubre nuevo. Un otoño vestido de primavera. Será, porque así queremos que sea, el aroma a la rosa y la azucena, la calle regada de incienso y la noche, más noche que tarde, iluminada de rezos, plegarias, ruegos y añoranzas. Será, para vivirlo y para sentirlo, para guardarlo y no olvidarlo, y será para que usted y los suyos tengan el privilegio de contarlo.