La Palma del Domingo de Ramos

Durante las tardes de Flagelación pasaba inadvertida, tres sillas le bastaban para elaborar ,con soberana quietud, la obra de arte que resultó de su paciencia y buen hacer. De buen corazón, todo hay que decirlo, supo explicar a las más pequeñas de Batería J que para trenzar y dar forma a la naturaleza hay que encomendarse a las manos de Dios.

Y así, durante más tardes que días, Lourdes Esperanza, fue diseñando la palma que lucirá el Señor en el Domingo de Ramos.

Con marcado acento sevillano de su vida hecha a orillas del Guadalquivir, vino de visita a Flagelación como todos los años. Mientras su padre deambulaba por los salones analizando pormenorizadamente todos los detalles, ella se buscaba un rincón donde pasar lo más inadvertida. Sin embargo, la infancia – sabia en descubrir y curiosear – pronto supo que Lourdes se traía algo entre manos. Rodeada de niñas, con extrema paciencia fue explicando cómo y dónde aprendió este oficio, la de cursos que ya había ofrecido en las Hermandades de Sevilla y el cariño con el que había de dotar cada nudo, trenza o lazo, para que, como quien lo quisiera, el Domingo fuera más de Ramos, más de Palmas.