Mesa Redonda

“Videte si est dolor sicut dolor meus”.

Con el título «La devoción a Ntra. Sra. del Mayor Dolor», en los salones de la Casa de Hermandad, se celebrará el próximo viernes, 11 de octubre, una mesa redonda en la que intervendrán D. Blas Jesús Imbroda, Dª. Isabel Migallón y D. Antonio Gutiérrez. Este coloquio, enmarcado en las actividades organizadas por la Junta de Gobierno para conmemorar el XXV Aniversario de la Bendición de la Dolorosa Titular de Flagelación, dará comienzo a las 20.3oh. 

Indicios históricos: 

La devoción a los Dolores de la Virgen, se inicia a finales del siglo XI, donde ya encontramos indicios de una celebración de sus cinco gozos y dolores, simbolizados estos últimos en cinco espadas, por el pasaje del evangelio de Lucas, en el que el anciano Simeón anuncia a María que una espada le traspasaría el alma.

San Anselmo (+1109) contribuyó a difundir esta devoción, así como san Bernardo (+1153) y cuando un autor anónimo compuso el “Liber de Passione Christi et de planctu Matris eius” (Libro de la Pasión de Cristo y del llanto de su Madre) se empezaron a componer muchos poemas sobre el tema del llanto de la Virgen, siendo el más famoso de todos el Stabat Mater Dolorosa, atribuido a Jacopone de Todi, a inicios del siglo XII.

En el mismo siglo XII encontramos ya un altar dedicado a la Dolorosa en el monasterio benedictino alemán de Schönau, al tiempo que los gozos y dolores de María aumentaron hasta quedar fijados en siete. Pero esta incipiente devoción a los dolores de la Virgen no se extendería por toda la cristiandad hasta la fundación, en el siglo XIII, de la Orden de los Siervos de María (los Servitas), que llevaron a cabo siete nobles jóvenes florentinos, muy devotos de la Virgen, que solían cantar sus alabanzas delante de una imagen suya pintada en el muro de una calle, como los juglares hacían con su amada. Cuando hacían esto el día 15 de agosto de 1233, observaron que de pronto la imagen se animaba, y se les aparecía dolorida y vestida de luto por las luchas fratricidas que enfrentaban a los florentinos. Tras esta experiencia sobrenatural, los jóvenes se despojaron de sus armas y decidieron fundar una cofradía de María Dolorosa, o de los Siervos de María, que tendría como hábito una túnica negra, de luto, como la que llevaba la Virgen, y se retiraron al Monte Senario a orar y hacer penitencia.

Esta Orden sería aprobada en 1303 y al difundirse en Alemania los servitas de esta zona comenzaron a celebrar una fiesta de los siete Dolores de María el Sábado Santo, con la lectura del evangelio de san Juan en que Jesús, en la cruz, confía María a san Juan como madre de éste. Esta celebración, que se llamaba “de la compasión de María” al pie de la cruz, se extendió a lo largo del siglo XIV por toda Europa con diversos nombres, llegando hasta España, donde se hizo muy popular el nombre de Dolores o María Dolores.

A inicios del siglo XV el arzobispo Teodorico de Colonia instituyó una procesión de la Virgen Dolorosa, y en 1423 otro arzobispo de Colonia, Thierry de Meurs, aprobó un decreto sinodal en el que se establecía la fiesta “de la conmemoración de la angustia y de los dolores de la Beata Virgen María”, que se celebraría el tercer viernes después de Pascua. A final de este siglo, en 1482, el papa Sixto IV introdujo esta fiesta de la Dolorosa en el Misal Romano.

Comienzan entonces a hacerse frecuentes las representaciones pictóricas o escultóricas de la Dolorosa. De hecho, nos consta que el emperador Carlos V ordenó que se pintaran tres cuadros para explicar con imágenes a los fieles, la mayoría de los cuales eran iletrados o analfabetos, los siete dolores de María; lo cual no es extraño, pues en su Flandes natal esta devoción estaba muy extendida. En esta misma época comenzó a celebrarse en España la procesión del Santo Entierro, por impulso de la reina Juana la Loca, quien favoreció con la ayuda de muchas cofradías estas representaciones tras la improvisa muerte de su esposo Felipe el Hermoso. En dicha procesión, junto con la imagen de Cristo yacente, se sacaba otra imagen de la Virgen Dolorosa, que seguía el cadáver de su Hijo. A partir de entonces esta procesión se hizo habitual en las celebraciones de la Semana Santa, dando origen a otras representaciones procesionales de los momentos más importantes de la Pasión. De hecho, fue en nuestra tierra donde prendió con más fuerza la devoción a la Dolorosa, que había sido traída por los servitas, y desde aquí, en interacción con estos religiosos, se extendió con más auge por toda Europa y especialmente en Italia. La devoción a la Virgen Dolorosa prendió con fuerza en los dominios españoles en Italia, tanto en el Milanesado –donde hizo mucho por divulgarla san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán (+1584)–, como en Nápoles y Sicilia, donde a finales del siglo XVI se fundó en Palermo la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores. Muy poco después se fundó otra cofradía similar en Bolonia, impulsada por los servitas, con un pequeño escapulario negro como distintivo de los miembros de la cofradía. En 1645 se fundó otra cofradía similar en la ciudad de Roma. Por influjo español comenzó a difundirse también en Italia la costumbre de celebrar el Viernes Santo la procesión del Santo Entierro, sobre todo en las regiones meridionales, donde aun se celebra.

Fue a finales del siglo XVI cuando, por influencia de los servitas, se difundió la celebración de la fiesta de la Dolorosa el tercer domingo de septiembre, con procesión. En 1667 se aprobó oficialmente el culto a los Siete Dolores de la Virgen María, y al año siguiente la Sagrada Congregación de Ritos permitió a la Orden de los Servitas celebrar la misa votiva correspondiente. En 1692 el papa Inocencio XII autorizó esta celebración en toda la Iglesia.

Los Siete Dolores: 

1.- La profecía de Simeón (Lc. 2, 22′ 35) ¡Dulce Madre mía! Al presentar a Jesús en el templo, la profecía del anciano Simeón te sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. De este modo quiso el Señor mezclar tu gozo con tan triste recuerdo. Rezar Avemaría y Gloria.

2.- La persecución de Herodes y la huida a Egipto (Mt. 2, 13-15) ¡Oh Virgen querida!, quiero acompañarte en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios. Rezar Avemaría y Gloria.

3.- Jesús perdido en el Templo, por tres días (Lc. 2, 41-50) ¡Virgen Inmaculada! ¿Quién podrá pasar y calcular el tormento que ocasionó la pérdida de Jesús y las lágrimas derramadas en aquellos tres largos días? Déjame, Virgen mía, que yo las recoja, las guarde en mi corazón y me sirva de holocausto y agradecimiento para contigo. Rezar Avemaría y Gloria.

4.- María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Vía Crucis, 4.ª estación) Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor. Rezar Avemaría y Gloria.

5.- La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30) María, Reina de los mártires, el dolor y el amor son la fuerza que los lleva tras Jesús, ¡qué horrible tormento al contemplar la crueldad de aquellos esbirros del infierno traspasando con duros clavos los pies y manos del salvador! Todo lo sufriste por mi amor. Gracias, Madre mía, gracias. Rezar Avemaría y Gloria.

6.- María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María. ¿Qué sentías Madre? ¿Recordabas cuando Él era pequeño y lo acurrucabas en tus brazos?. Por este dolor te pido, Madre mía, morir entre tus brazos. Rezar Avemaría y Gloria.

7.- La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42) Acompañas a tu Hijo al sepulcro y debes dejarlo allí, solo. Ahora tu dolor aumenta, tienes que volver entre los hombres, los que te hemos matado al Hijo, porque Él murió por todos nuestros pecados. Y Tú nos perdonas y nos amas. Madre mía perdón, misericordia. Rezar Avemaría y Gloria.

 

 

Polifonía: «O Vos Omnes» 

O vos ómnes 
qui transítis per víam, 
atténdite et vidéte: 
Si est dólor símilis
sícut dólor méus.
Atténdite, univérsi pópuli, 
et vidéte dolórem méum. 
Si est dólor símilis 
sícut dólor méus. 

 

Fuentes: 
Miguel Navarro Sorní (Catedrático de Historia de la Iglesia de la Facultad de Teología de Valencia)
https://lareja.fsspx.org/es