Un besamanos para vivirlo

Para vivirlo, para contarlo. Lo del Besamanos de Flagelación fue para soñarlo.

Desde pronto se destacaba por las redes el comienzo del Solemne acto; daban las diez de la mañana y atravesaban el atrio de La Milagrosa los más madrugadores. De fondo, la sublime elegancia y dignidad en esa Madre que nos enseña a aceptar y a vivir, en su plenitud, cada momento, bueno o malo, de nuestro existir.

Quietud, armonía, fragilidad y sutileza, en un espectacular e inédito montaje de D. Jose María Aguilar y D. Carlos Rubiales, Albacea y Prioste de Flagelación, que no dejaba indiferente a nadie. Bajo Palio se mostraba la Amantísima Titular de esta Hermandad de Flagelación, conmemoración de los veinticinco años de Su Bendición. 

Ganándose el tiempo a la mañana, se desvelaban los más íntimos momentos; oraciones, plegarias, besos, charlas vaporosas que conformaban un murmullo, banda sonora también que identificaban la aprobación de quien presidia la nave central de la Parroquia, y así se fue ganando la mañana para convertirse en tarde. 

    El Sol cedió el paso a la intimidad, para poder contemplar al Mayor Dolor iluminada únicamente con las ceras; por momentos se difuminaba la estampa,  los acólitos hacían lo suyo con el incienso y quien a La Milagrosa llegaba, no se conformaba sólo con el beso; necesidad de vivir más tiempo lo volátil de un acto que «pleno de sevillanía» en palabras de D. Antonio Gutiérrez, no quisieron perderse niños ni mayores y así venció la noche en Batería J. A las ocho de la tarde, reflexión y oración pregonada: 

    Soñé que caminaba por la orilla del mar, con María, y veía proyectado en palio de nuestro cielo, todos y cada uno de los días de mi vida. De cada uno de estos días aparecían en la arena dos huellas: las mías y las de Ella, María.

    Por momentos vi, que en algunos tramos había solo una huella. Coincidía con los días más difíciles de mi vida. Y entonces pregunté: Madre, yo escogí vivir contigo y Tú me prometiste que estarías siempre conmigo. ¿Por qué me dejaste solo en los momentos más difíciles?

    Y Ella respondió: Hijo, tú sabes que te quiero y que nunca te he dejado solo. Los días en los que solo hay una huella en la arena son precisamente los días en que te llevé en mis brazos. Hoy no se ha oído ni una sola voz estridente. Que todos respetan su tristeza. Ni un solo detalle altisonante. Palidez en el rostro de María Santísima.

    Quietud, armonía, fragilidad, sutileza… Porque su dolor es así. Callado, pálido, sereno. Elegancia y dignidad en esa Madre que nos enseña a aceptar y a vivir, en su plenitud, cada momento, bueno o malo, de nuestro existir.

    Comienza hoy una nueva cuaresma encarnada por Su bendición, cuarenta días nos separan de un sábado, Dios así lo quiera, sea colofón a un quinario en Tu extraordinaria procesión. Vayamos preparando los corazones, retomemos las liturgias, el beso a la medalla, la oración a la estampita, la pulsera bien atada. Desempolvemos la túnica, y estiremos el cordón, la camisa bien planchada, y bien marcada esa ralla del pantalón, que nos quedan cuarenta noches para soñarte.

    ¡Que bendición!